viernes, 4 de febrero de 2011

Ausencia...


En un rincón de la habitación entre penumbras, enredado entre las sábanas está él. Respira tranquilo, nada le hace alterar para que pueda pensar que sus sueños vayan a ser agitados, nada espera ya de la vida, salvo trabajar y dormir en la oscuridad cada noche...

Pero sus sueños son agitados, demasiado tiempo solo, ese tiempo que consiguió por si mismo convertirle en un bicho raro, en un solitario... Y ahora quiere que ella se enrede en sus sábanas con él, acariciar su piel entre sueños, abrazarla en las noches de frío y recordar siempre antes de dormirse que la noche anterior estaba también con él y que esta noche volverá estar y la noche de mañana. Ella…

Suena el despertador, sus sábanas enredadas le impiden levantarse y tiene que luchar con fuerza para desasirse de ellas. A ciegas, medio dormido, palpa con su mano el colchón buscándola, pero no está, no está, no está…Otra vez igual que ayer y que anteayer, otra vez igual, no está, nunca está, nunca está…

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